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Cómo los millennials influyen en el nuevo diseño de las oficinas

Fuente: 13 mar 2020 emb.cl

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El término “gig” tiene su origen en la jerga musical y hace referencia a los shows o conciertos de poca duración. Al ser aplicado al mundo laboral, alude a los trabajos esporádicos, que tienen una duración determinada y donde el contratado se encarga de tareas específicas.

Si bien este concepto ha existido durante mucho tiempo en diversas industrias, la economía gig tal como la conocemos hoy comenzó a tomar forma después de la recesión estadounidense de 2008, cuando un mercado laboral débil condujo a un aumento en el trabajo independiente. Desde entonces, internet y la tecnología moderna han transformado el mercado, haciendo que sea aún más fácil para las personas obtener ingresos adicionales, acceder a nuevas industrias y controlar sus horarios de trabajo.

La tendencia también ha ido ganando seguidores en nuestro país, especialmente en los sectores dedicados a los servicios. La economía gig ha tomado distintas formas, como el trabajo colaborativo online y los trabajos a pedido, a través de aplicaciones móviles y plataformas web de convocatorias de empleo.

Inmediatamente saltan a la mente los conductores de Uber, su filial UberEats y los anfitriones de Airbnb. Pero estos no son los únicos, ya que también se puede incorporar a todos aquellos trabajadores freelance que son contratados por proyectos específicos y que provienen de los más diversos rubros, como diseñadores y periodistas, por mencionar algunos.

Los beneficios que tiene esta forma de trabajar son varios, destacando el poder manejar la carga laboral y definir los propios horarios. Es probable que la mayor flexibilidad sea una de las razones por la que muchos millennials estén optando por esta nueva dinámica.

Asimismo, es innegable que el avance de internet y de nuevas aplicaciones móviles ha facilitado el auge de esta forma de trabajo remoto, independiente y ágil. De hecho, según estimaciones de Accenture en un estudio realizado en conjunto con Oxford Economics, en Chile la economía digital representa el 22,2% del PIB, lo que equivaldría a unos US$55 mil millones.

De la misma manera que la tecnología está cambiando el panorama del autoempleo, la economía gig ha influido en la evolución del espacio físico de trabajo. Y es que la creciente popularidad por este tipo de ocupaciones ha llegado junto con un aumento en la demanda por espacios de coworking.

Ciertamente, la “economía de los encargos” como se podría traducir esta tendencia, existe fuera de la oficina, con viajes compartidos, entregas y trabajos a pedido que comprenden gran segmento de la industria. Sin embargo, para aquellos que necesitan un espacio de trabajo, “los espacios colaborativos pueden responder, de una manera más eficiente, las demandas de aquellos trabajadores independientes”, explica Leandro Basaez, general manager de WeWork Chile. “Esto porque ayudan a impulsar la productividad, no necesitan ningún tipo de mantención, y permiten estar constantemente rodeados de otros trabajadores, lo que genera mayores redes de contacto y posibilidades de negocio”, agrega.

Además, otro punto a tener en consideración son los costos y contratos restrictivos que, en general, presentan las oficinas tradicionales. Esto puede hacer del arriendo de despachos algo poco accesible tanto para independientes como para muchas empresas, especialmente las que están partiendo.

Según Ramiro Blazquez, Country Manager en Chile de Von der Heide, la velocidad de cambio en los negocios, sumado a un contexto VUCA (siglas en inglés para volátil, incierto, complejo y ambiguo) hace cuestionar la “linealidad” con la que se ha concebido históricamente el desarrollo de ciertos puestos en el trabajo, otorgándole sentido a la contratación de posiciones ad-hoc para responder a una necesidad actual y con foco a corto plazo. Incluso, en algunos casos, para cargos profesionales y de liderazgo.

“Servicios como los que ofrece WeWork, permiten flexibilizar según necesidad y tiempo deseado los espacios de trabajo, adecuándolos al negocio o proyecto. Los espacios colaborativos se han consolidado como la cereza del postre para favorecer el desarrollo de modelos de trabajo contingentes”, finaliza Blazquez.